La candidata Paz de Andrés se esfuerza en proclamar que la segunda vuelta de las elecciones supone el inicio de una nueva partida y, por tanto, que sus opciones de ser Rectora están intactas. No obstante, la diferencia que le ha sacado Vicente Gotor es todo un mundo. No es de extrañar que, en un primer momento, surgiesen voces que demandaran la retirada de la candidata. Argumentaban algunos que el 49,29% con el Gotor ganó las elecciones es demasiada tortilla como para pensar en voltearla, de manera que una segunda vuelta sólo alargaría el proceso, crisparía los ánimos y terminaría igualmente con la victoria del catedrático de Química Orgánica.
Aunque coincido con esta argumentación, no comparto la ulterior demanda. Paz ha ganado a Santos cuando muchos, incluida una parte de la prensa, lo consideraban poco menos que imposible. Está en su derecho de competir.
Claro está que si se hubiese retirado, lo habría hecho dejando una sensación de honestidad y defensa de “lo que es mejor para la Universidad, por encima de sus ambiciones personales” que le hubiese grajeado una corriente de simpatía. Esa percepción por parte del electorado, unida a su 22,56% de apoyos, la hubiesen convertido en la cabeza visible de la oposición a un Vicente Gotor ya Rector, colocándola, de paso, en una posición inmejorable para disputarle el rectorado dentro de cuatro años como candidata única del antiguo sector Vazquista.
Pero no ha sido ese el camino escogido por la candidata, y las consecuencias podrían no limitarse a una probable derrota en segunda vuelta. De sufrir una derrota abultada, se pondría de manifiesto su incapacidad para atraer los apoyos que se inclinaron por Santos y Cueto en primera vuelta. Si esto sucede, y existen posibilidades de que así sea, Paz se encontrará con la oposición declarada del oficialismo Vazquista, así como de sus antiguos compañeros vicerrectores, que no sienten precisamente devoción por ella.
A estas alturas ya no queda campaña que disputar. Contando con los plazos legales de reclamación que desembocarán en la proclamación oficial de los candidatos electos (no, ni Gotor ni Paz son aún candidatos oficiales) más la jornada de reflexión del martes, sólo quedaría el lunes para hacer campaña. Poco tiempo para organizar actos, recorrerse los numerosos campus o repetir las visitas a los diferentes colectivos. Tampoco tendría sentido. Ambos candidatos han expuesto sus programas ante quienes los hayan querido escuchar. Ambos candidatos se han recorrido de arriba abajo la Universidad en jornadas maratonianas. Ambos candidatos mantienen accesibles sus programas en su respectivas webs. ¿Qué sentido tendría que volviesen a presentárnoslos? Ninguno, lo que no quiere decir que deban encerrarse a velar armas. Sin embargo, el apoyo recibido en primera vuelta por cada candidato los sitúa en posiciones diametralmente opuestas.
Gotor se sabe apoyado por la mitad de los votantes de la primera vuelta. No tiene necesidad de hacer grandes gestos, realizar promesas exuberantes o comprometer cargos y favores. No le hace falta. Sólo necesita defender su programa y su credibilidad como futuro Rector.
Lo de Paz es otra historia. Los factores que debe poner en equilibrio para sacar un 50,1% de los votos son muchos, muy complejos y, en ocasiones, contrapuestos. Para empezar, debe atraerse a los votantes de Santos y Cueto. La verdad, no sé cuál de los dos grupos se me antoja más complicado. Aún así, pongamos por caso que lo consigue. Supongamos que su llamada a la unidad del sector Vazquista (una ironía en sí misma) surte efecto en quienes le dieron la espalada en su enfrentamiento con el Rector. ¿Se imaginan a un Vicerrector que en primera vuelta haya dado consignas para que “los suyos” apoyaran a Santos, plegar velas, conectar el motor diesel, y reescribir la consigna para favorecer a la que, hasta hace pocas horas, era su anatema declarada? Difícil postura, si se pretende salir con dignidad de un trance en el que, tal como han salido las cosas, tienen poco que ganar. Las palabras de Santos a la prensa ("creo que hay un ganador claro, que es Vicente Gotor, y lo que queda es felicitarle") son un reflejo del sentimiento mayoritario, además de un gesto que ennoblece la figura del antiguo Vicerrector.
En segundo lugar está esa corriente de opinión, fomentada por la propia candidata, según la cual sus apoyos serían inamovibles, de manera que el hipotético trasvase de apoyos procedentes de Santos sólo contaría en positivo. Si desea aglutinar los apoyos que necesita, Paz está abocada a hacer guiños (y muchos) al grupo que primero la apartó y luego la ninguneó, pero ¿y sus propias bases? ¿Cómo se lo tomarían aquellos que apoyaron a Paz en primera vuelta descontentos con el estilo de la oficialidad Vazquista, si se diese la improbable situación de que la crema de dicha oficialidad compartiese sonrisas y afectos con su candidata?
Finalmente está el trabajo de desmotivación que la gente de Paz de Andrés debería realizar entre los votantes de Gotor. Como comenté en el anterior post, la clave de la segunda vuelta no estará sólo en la captación de voto, sino en la desmovilización del voto cosechado por Gotor, a raíz de la falsa sensación de seguridad que habrá generado entre sus bases el mayoritario apoyo conseguido por el candidato. Ahí será crucial el buen hacer de la candidatura de Gotor para trasmitir a sus votantes la necesidad de volver a las urnas el día 23 como si de una primera vuelta se tratase. La idea es clara: el partido termina cuando el árbitro pita el final, y el árbitro aún no ha pitado, así que toca apretar los dientes y mantener la concentración.
Súmenle la abstención de quien, habiendo apoyado a alguno de los candidatos derrotados en la primera vuelta, no desee ahora modificar su voto y opte por no acudir a las urnas o votar en blanco, y obtendrán un panorama en el que hay demasiadas variables para controlarlas todas y hacerlas converger en una solución en la que Paz de Andrés emerja como Rectora.
De ahí que mi pronóstico para esta segunda vuelta sea que Vicente Gotor le va a sacar más de 15 puntos a Paz de Andrés y será el próximo rector de la Universidad de Oviedo.