La incorporación del sistema universitario español al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) ha dado comienzo con la presentación de las primeras titulaciones adaptadas a la evaluación de la ANECA. De ser aprobadas por el Consejo de Universidades, estas titulaciones comenzarán a impartirse en el curso 2008/2009.
La Universidad de Oviedo, al igual que la mayor parte del sistema público, no ha presentado ninguna propuesta. Sí lo han hecho gran parte de las Universidades privadas, acostumbradas desde siempre a competir por el alumnado.
Sabemos que el espacio universitario español está a punto de convertirse en un mercado libre, donde la oferta de títulos de prestigio, en los que los alumnos cuenten con recursos adecuados (buenos laboratorios docentes, accesos individualizados a computadores y a la red, grupos pequeños, atención personalizada…), se comerá a la oferta de títulos ramplones (aulas masificadas, clases teóricas camufladas de prácticas, un ordenador por cada 10 alumnos…).
¿Estamos preparados para impartir una docencia competitiva, una docencia atractiva? ¿Se ha dotado la Universidad Pública de los recursos necesarios? ¿Alguno de los partidos políticos que en estas fechas se disputan nuestros votos, se ha planteado cuáles han de ser estos recursos, los ha cuantificado y los ha comprometido? No. Habrá que “empezar con lo que se tiene”.
En el caso de la Universidad de Oviedo, se nos presentan dos alternativas: o logramos que a medio plazo se incrementen nuestros recursos de forma significativa, o dimensionamos la Universidad para que se adapte a los recursos de que disponemos. El problema radica en que tenemos una Universidad partida en dos (como poco).
Por una parte, están aquellas titulaciones en las que el número de admitidos o el tamaño de los grupos es tan elevado, que resulta imposible impartir una docencia de calidad. Aquellas en las que los recursos disponibles no permiten ofertar prácticas decentes. Aquellas en las que la ratio profesor/alumno es tan baja que hace del todo punto imposible la aplicación del modelo de enseñanza tutorado que plantea el EEES. Por el contrario, existen titulaciones en las que la ratio profesor/alumno es elevada, tan elevada, que existen presiones políticas para que se corrija esta situación. Aunque se diga lo contrario, uno de los objetivos del plan de prejubilaciones del rector Juan Vázquez es amortizar un porcentaje significativo de las plazas de profesorado.
Esta Universidad necesita un rector con visión de conjunto, que sepa aplicar en cada campus las medidas adecuadas; alguien que sea capaz de negociar con el Principado una política de inversiones ambiciosa; alguien que diga en voz alta que en determinadas titulaciones habrá que bajar los númerus clausus para reducir el tamaño de los grupos. Y, al mismo tiempo, alguien capaz de defender que los grupos pequeños y las titulaciones con pocos matriculados son, precisamente, aquellas en las que la adaptación a Bolonia será más sencilla; aquellas en las que (de mantenerse las actuales ratios profesor/alumno) resultará más fácil impartir una docencia de calidad, porque no sobra ningún profesor. Ésta es una de las cuestiones que están en juego en estas elecciones.