domingo, 13 de abril de 2008

Día 13: Reflexiones sobre los candidatos IV. Vicente Gotor.

La campaña de Vicente Gotor ha sido una prolongación del trabajo que, junto con su grupo de apoyo, ha venido desarrollando durante los últimos años. Como él mismo ha dicho, empezó a preparar estas elecciones nada más concluir las anteriores, consciente de que habían sido pocos los votos de diferencia que permitieron a Vázquez seguir en el cargo y, por tanto, sabedor de que casi la mitad de los que votaron entonces le habían prestado su apoyo.

Tanto trabajo se ha notado mucho. Se ha notado en el programa que es, en el fondo, lo más importante de unas elecciones, toda vez que constituye la carta de compromisos adquiridos por quien aspira a ser Rector. La importancia del EEES como eje fundamental del programa indica hasta qué punto Gotor es consciente de dónde está lo realmente importante y dónde lo accesorio. Se le achaca al candidato el dar mucha importancia a la investigación; y es cierto. Para el profesorado, la investigación ha pasado de ser algo opcional a ser la condición sine qua non: no promoción; no sexenios; no recursos; no becas; no futuro. Muchos no lo entenderán, pero para un profesor joven la investigación no es algo accesorio, sino que supone la diferencia entre crecer como profesor o estancarse. Nos valoran por nuestra investigación, y nos contratan para dar clase. Es un contrasentido, lo sé, pero es la realidad en la que nos encontramos inmersos. Gotor da a cada parte de esta dualidad docencia/investigación la importancia que tiene: el EEES es nuestro dragón, el que nos traerá de cabeza durante años, hasta que lo dominemos o nos devore, pero la investigación no puede quedar atrás, porque con ella quedaría atrás nuestro prestigio como colectivo y el futuro de nuestros jóvenes profesores y alumnos. Cree Gotor que construir una Institución de prestigio, reconocida por su investigación y por su docencia, sería la mejor manera de garantizar que los alumnos del futuro optarán por cursar sus estudios en la Universidad de Oviedo frente a otras Universidades con mayor pedigrí. Esta estrategia es, en mi opinión, la mejor manera de asegurar a esos alumnos un futuro brillante como egresados; por eso, pensando globalmente, ganamos todos: alumnos, PDI y PAS. Todas nuestras actividades están ligadas, todas son importantes. Esta realidad se percibe en el programa de Gotor a través de su apuesta por modernizar y racionalizar la gestión, los procedimientos administrativos y la informática.

Pero todo esto, con ser importante, no es lo que diferencia al candidato Gotor de sus rivales en estas elecciones. Lo realmente diferenciador es su credibilidad. Gotor cree en lo que dice. Por ello, es muy cuidadoso a la hora de comprometer determinadas actuaciones que pudieran terminar por convertirse en promesas baldías. Por eso siempre termina por prometer trabajo. Trabajo para poner en marcha su programa. Trabajo para mejorar las relaciones con el Gobierno del Principado. Trabajo para simplificar la burocracia que atenaza la gestión de la investigación. Trabajo para la captación de alumnos extranjeros. Trabajo. Es una buena promesa, sobre todo si crees que quien la realiza cumplirá su palabra.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Fe de erratas (con buen humor, sin compartir su actitud resignada). Corrija el lapsus calami "Día 13: Reflexiones sobre los candidator IV. Vicente Gotor." ¿Candidator, candidator?

Kion Tae dijo...

Gracias por su advertencia pero ... ¿actitud resignada? Hummmh.

Anónimo dijo...

¡Hummmh! ¡Huf! ¡Uf! No sé cómo interpretar la interjección. No sé si expresa asombro, molestia, fastidio, sospecha, reticencia …

Pero sí llego a una conclusión. Mañana, el votante ha de fiarlo todo al trabajo. Uno creía que la capacidad de modificar el estado de un cuerpo no dependía sólo de la fuerza que se aplique, sino del propósito o la trayectoria que se pretenda.

Y aquí es donde radica mi escepticismo en relación con Gotor, cuyo programa – en esto veo que discrepo de usted- no ahorra “despropósitos”, si por tal entendemos objetivos irrealizables, ya sea porque los medios para alcanzarlos no son competencia de la Universidad y en el programa se ignore tal dato, o siéndolo se ofrezcan remedios erróneos, no por opinables, sino por imposibles; ya sea porque se pretenda solucionar problemas muy mal diagnosticados; ya sea por todas esas cosas a la vez.

Pero estas cuestiones pasan desapercibidas o son eclipsadas por el “énfasis” en materia de investigación y docencia; énfasis, por otra parte, que no es más intenso en el programa de Gotor que en el de los demás.

Pero todo al final es cuestión de fe: todo se arreglará, creemos, con trabajo, trabajo y trabajo. Mas, ¿acaso no es igual, incluso mayor, el trabajo que aplica a sus propósitos el alquimista y el químico?

Fue un placer leerle.