Aunque hoy se formalizan las dimisiones de Antonio Cueto y Santos González, no quiero dejar pasar la oportunidad de destacar las palabras del vicerrector Sánchez Lazo, dirigidas al futuro rector y recogidas por La Nueva España de hoy: “Que tenga en cuenta mi experiencia y que valore este gesto de renuncia para favorecer la continuidad de este proyecto, del que quiero seguir formando parte”
Vamos, que el quinto Beatle de la carrera por el rectorado, el hombre que lo deja antes de empezar (a la espera de tiempos mejores, parece), aventura cuál sería un precio justo a su renuncia: seguir como vicerrector para poder mantenerse en la brega y, un día, “favorecer la continuidad de este proyecto” desde el sillón rectoral.
Me cae bien Sánchez Lazo. No se esconde tras subterfugios. Va de cara y dice las cosas en voz alta y clara, cuando otros mendigan puestos en las oscuras esquinas de los arrabales universitarios.
No obstante, su deseo de contribuir a la unidad de acción y de favorecer el continuismo del grupo vazquista choca con la realidad que supone el que tres de los candidatos hayan surgido de las filas del rectorado actual. Si las perspectivas de alguno de los miembros de la tríada vazquista se tornan suficientemente negras, veremos a la correspondiente sardina arrimándose al ascua más prometedora. Y veremos cómo se nos vende dicha aproximación como un acto de generosidad destinado a “favorecer la continuidad del proyecto”. Pero no perdamos de vista que tan noble acto servirá para que la experiencia del renunciante “sea tenida en cuenta” y se le permita “seguir formando parte del proyecto” desde un merecido puesto de vicerrector.
Parafraseando a Lampedusa “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi”.
Pues qué bien.
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