Según publicaba La Nueva España, en su edición del pasado viernes, será el jueves día 10 de enero cuando se produzca el relevo de Antonio Cueto y Santos González al frente de sus respectivos vicerrectorados, con lo que se completará el número de candidatos al rectorado y tendremos todas las cartas sobre la mesa.
Dando por hecho que, finalmente, serán cuatro los candidatos, las elecciones se presentan muy abiertas. Muy posiblemente se necesitará de una segunda vuelta para dirimir quién será nuestro próximo rector. Tal y como lo plantea la prensa, esta “primera vuelta” podría equipararse a unas primarias: Paz Andrés vs Santos González, por un lado, y Vicente Gotor vs Antonio Cueto, por otro. Sin embargo, como comentaba en un post anterior, esta situación no está clara en absoluto, y dependerá en gran medida de la habilidad de los candidatos para plantear su posicionamiento en el campo de batalla y evitar el encasillamiento en el que sus adversarios deseen confinarlos.
Existen varios aspectos que quiero poner en entredicho antes de que comience el baile:
La firme creencia de Santos en que será respaldado por el voto monolítico de los alumnos, cuando éstos siempre han sido un conjunto muy heterogéneo, poco cohesionado y, generalmente, desmotivado a la hora de participar en procesos electorales que les resultan un tanto ajenos.
La intención de Cueto de aglutinar votos de diversos ámbitos situándose con un pie en las filas del vazquismo y con otro en las de la oposición a Vázquez, cuando los primeros no dieron precisamente saltos de alegría ante su inclusión en el equipo rectoral y los segundos difícilmente se sentirán cómodos apoyando a quien ha resultado decisivo en alguno de los episodios más discutibles de la era Vázquez.
La confianza de Gotor en el hecho de que el largo camino que lleva recorrido su candidatura le proporciona un apoyo más consolidado que el del resto de candidatos, cuando una parte crucial de los apoyos se decidirán a última hora, en base a las propuestas que se escuchen en campaña, y algunas fidelidades (como ya ocurrió en el pasado) pueden resultar tremendamente volubles.
La pretensión de Paz Andrés de mostrarse como una persona alejada de posiciones extremas, con fuerte carácter e independencia (una imagen especialmente potenciada tras ser cesada como vicerrectora a raíz de su participación en un homenaje al difunto rector Julio Rodríguez), cuando su larga trayectoria la sitúa en el sector “vallaurista” y en posiciones de la izquierda más dura, lo que no resulta especialmente seductor para el electorado del centro moderado.
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